Aida Espinosa
La pandemia por el Covid – 19, mostró la preocupación del mundo entero, ante la posibilidad de contagios y muertes masivas.
Sin embargo, en México las cosas fueron distintas, pues mientras las autoridades daban inicio a una etapa de aislamiento e implementación de medidas estrictas para evitar la propagación del virus, los ciudadanos se dividían en opiniones.
El grueso de la población aceptó las medidas y las adoptó como parte de la vida cotidiana; usan cubre bocas, se lavan las manos frecuentemente, se aplican gel antibacterial, mantienen la sana distancia, incluso se aislaron por un largo periodo de tiempo saliendo de casa solo si era necesario.
Pero otro tanto, la minoría afortunadamente, se negó a creer en la existencia del virus que, al día de hoy, ha contagiado a más de 327 mil mexicanos según cifras reportadas por la autoridad sanitaria, y matado a 37 mil 500 pacientes.
Ellos no, no creen necesario el seguir las medidas de prevención, no necesitan usar cubre bocas, no requieren el gel antibacterial ni necesitan aislarse.
Por el contrario, mostraron descontento por el cierre de plazas comerciales, plazas públicas, cines, antros, bares, gimnasios y otros tantos establecimientos y áreas consideradas como no esenciales.
Cuando la pandemia inició en nuestro país, en el mes de febrero que se reportó el primer caso, los “incrédulos” seguían reuniéndose, haciendo fiestas, partidos de futbol, jaripeos, asistiendo a las plazas. Familias enteras podían verse paseando en el primer cuadro de la ciudad, al menos en Morelia.
Llegaron a creer en teorías de conspiración como que el gobierno había creado el virus, o en los últimos días, que los termómetros infrarrojos borraban la memoria, lo que ha sido motivo de burlas y memes que abundan en redes sociales.
Pero la ignorancia colectiva, llegó a tal grado de agredir al personal médico que ha luchado en los últimos cuatro meses, por salvar la vida de la población, atendiendo no solo a los pacientes que llegan con la sintomatología propia del coronavirus, sino arriesgándose a la histeria y temor del resto de la población, que obligó a que en algunas zonas del país, se cerrara por completo el servicio médico, dejando sin atención a quienes requerían de algún tratamiento.
Las amenazas en redes sociales de incendiar hospitales, guiados por la creencia de que los médicos estaban asesinando a todo aquel que ingresara al hospital, prendió la alerta del sector salud, pues los ataques se hicieron reales, el último de estos en Paracho, Michoacán, donde un médico y su familia tuvieron que huir tras ser acusado de haber asesinado a un paciente con posible Covid.
Llego también el auge del famoso 5G, y con ello otra creencia absurda: la instalación de antenas para esta tecnología, era para debilitar el sistema inmune y así lograr enfermar a toda la población.
Pero ahí no pararon las diversas versiones sobre la realidad del coronavirus; también se llegó a creer que las fumigaciones contra el dengue, esparcían el virus del Covid, entre muchas otras ilógicas razones que se regaron como pólvora en todos los rincones de México.
Al menos en el estado de Michoacán, las autoridades han hecho el mayor esfuerzo por mantener «a raya» al Covid; siendo ahora responsabilidad de la población, el que más rápido se reanuden las actividades en un 100 por ciento, o que se tenga que retornar al aislamiento obligatorio.