Aida Espinosa
Los castigos físicos como método de enseñanza han quedado en el pasado.
Inculcados por generaciones pasadas que creían que era la única forma de “corregir la conducta”, hoy estos actos son sancionados en algunos estados de la República, dentro del cumplimiento a la reforma de la Ley General de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes y al Código Civil Federal, aprobada por el Congreso de la Unión.
Dicha decisión ha sido avalada y aplaudida por especialistas en psicología, quienes aseguran que los niños que viven constante violencia en casa, se vuelven más temerosos, e incluso reprimen sus emociones.
La Doctora Laura Isela Rueda, señaló que “la chancla” es un método de educación a través del castigo corporal, por lo cual se vuelve en violencia contra el menor, es decir, un delito del que todos hemos sido partícipes en algún momento de nuestra vida.
“Causar un dolor corporal con la finalidad de que los menores cambien la conducta. Es un tipo de violencia familiar que no se justifica y que no funciona. Y desafortunadamente la violencia se ha normalizado y se acepta como cotidiana, y se ejerce en la propia casa. No solamente los golpes son solos en sí, sino que van acompañados de otro tipo de violencia. Los golpes es violencia física, los gritos y amenazas es violencia verbal, y las intimidaciones y humillaciones provocan violencia psicológica”, expresó.
Por ello, avaló que a nivel nacional el Congreso de la Unión haya aprobado la reforma a la Ley de protección a niños y adolescentes, en la cual ya se establecen sanciones para este tipo de actitudes de los padres hacia los hijos.
Ahora, indicó, será responsabilidad de cada entidad el reformar las leyes estatales para garantizar el acceso de los menores a una vida libre de violencia, iniciando desde casa.
“Desafortunadamente la violencia afecta el desarrollo físico y mental adecuado. También afecta el desarrollo de la personalidad y también se presentan problemas de salud. Todos estos niños que somatizan y dicen que les duele mucho la cabeza, que les duele la panza, que se sienten mal, regularmente somatizan la violencia a través del cuerpo. Definitivamente sí hay muchas afectaciones”, refirió.
Y es que, dijo, el cerebro de los pequeños cuando reciben violencia constante, provocan que el sistema de alerta siempre esté “activo”, con la finalidad de “sobrevivir ante la violencia”, lo que a largo plazo provoca que el cerebro no desarrolle las habilidades óptimas para el aprendizaje, e incluso provocará problemas de salud mental, además de que ese “sistema de educación” termina reproduciéndose en todas las esferas de la vida social del niño.
Reconoció en las generaciones de padres jóvenes la disposición por cambiar las formas de crianza, implementando métodos como el Protector – normativo, con el que los padres de familia educan basados en el amor, los límites y el escuchar a los críos.
Fue el pasado 23 de septiembre cuando el Senado de la República aprobó con 92 votos, la reforma a la Ley General de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes y al Código Civil Federal, para prohibir cualquier tipo de violencia como método de disciplina contra la infancia.
Dicha iniciativa, plantea que los efectos de la “chancla”, van desde físicos hasta psicológicos y de conducta, por lo que se establece que los menores tienen el derecho a recibir una crianza sin castigo corporal ni trato humillante.
Estos van desde manazos, coscorrones, empujones, nalgadas, sostener posturas incómodas, tirones de orejas o cabello, pellizcos, mordidas, chanclazos, cinturonazos, castigos verbales o utilizar lenguaje humillante, ofensivo, estigmatizante o con el intento de ridiculizar o menospreciar al niño.
En Michoacán, la Ley Estatal plantea en su capítulo IX que los menores tienen derecho a una vida libre de maltrato o violencia y a la integridad personal; sin embargo, no existen sanciones concretas para quienes atenten contra la integridad de los menores.